Utuado, Puerto Rico: Un Año Después del Huracán María

Como la mayoría de las situaciones traumáticas, para todos nosotros en Puerto Rico, el huracán María no fue un evento común, ya que alteró nuestra realidad y el diario vivir de cada Puertorriqueño. Mucho después de que los medios noticiosos en los Estados Unidos y otros países reemplazaran nuestra historia con nuevos titulares y los políticos decidieran el valor de nuestra pena y sufrimiento individual y colectivo, nos hemos visto obligados a seguir reviviendo nuestra pesadilla.

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No hay parte de esta isla que no haya sufrido daños significativos –cada pedazo de tierra dentro de nuestras 112*40 millas sufrió una herida en la batalla contra la Madre Naturaleza. Alrededor de 4,645 personas murieron por el huracán en sí o por circunstancias directamente atribuibles a éste. En agosto, 11 meses después de María, el gobernador Ricardo Rosselló envió un plan de recuperación al Congreso de los Estados Unidos informándoles que la isla necesitaría $139 mil millones para recuperarse por completo. Su esperanza es construir un Puerto Rico más fuerte, ya que el mismo Rosselló admite que el país no está preparado para otro huracán.

En febrero, el Congreso aprobó $15.8 mil millones para alivio de desastres, junto con $2 mil millones adicionales para reparar la red eléctrica, que se compartirían con las Islas Vírgenes de EE.UU. Aunque esto puede parecer motivo de celebración, cayó lamentablemente muy por debajo de los $90 mil millones inicialmente solicitados por el gobernador Rosselló.

Esto es lo normal en una colonia. El gobierno de EE.UU. Continúa recordándonos que hemos sido relegados a ser ciudadanos de segunda clase, entes en una isla que flota en el limbo –o Hades– o ese estatus político que se encuentra entre la estadidad y la independencia.

Por supuesto, Puerto Rico ya se estaba desmoronando, y la falta de dinero para ayudar a reconstruir la isla es muy preocupante. La red eléctrica es tan frágil que apenas puede aguantar una tormenta eléctrica, y mucho menos otra "María".

El gobernador Rosselló ya anunció planes para privatizar la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE o PRepa, por sus siglas en inglés), una utilidad pública que tiene un historial de mala administración; sus directores ejecutivos ganan salarios escandalosos a pesar que la agencia sostiene una deuda de $9 mil millones. Los residentes de la isla, aunque se nos están yendo cientos por día, no podrán aguantar otro apagón que dure meses –ni financiera, física o psicológicamente.

No tan ampliamente reportado, los depósitos de agua de la isla deben ser dragados. No son ni eficientes ni seguros para beber si no se tiene un sistema de filtración en el hogar. La condición de las carreteras varía desde tener baches y hoyos, hasta sumideros y/o deslizamientos de lodo. Y, por último, si nuestros líderes –tanto aquí como en los Estados Unidos– dejaran de jugar a la política por un minuto, tal vez podrían concentrarse en reconstruir a Puerto Rico y pagar más del salario mínimo de $7.25 por hora a su gente para que dejen de migrar a los estados en cifras récord.

Ésta es una mirada macro a los problemas que enfrenta Puerto Rico actualmente. Aquí en Utuado, donde vivo en una granja en Don Alonso con mi esposo, Paul, muchos de los problemas que experimenta la isla se magnifican debido a muchos factores, y la mayoría de ellos (en mi opinión) están relacionados con nuestro estatus colonial.

Puerto Rico está experimentando la diáspora más grande desde la década de 1950, cuando Estados Unidos comenzó a imponer numerosas restricciones sobre la colonia –ahora de 119 años– como castigo a la Isla por el Grito de Utuado del 30 de octubre de 1950 (como intento del Imperio Yanqui para extrangular la insurrección nacionalista).

En parte, este éxodo boricua es el resultado directo de María, pero por otra aparte es atribuible al colonialismo y la respuesta del Congreso a nuestra deuda de $79 mil millones –una respuesta a la que irónicamente llamaron PROMESA: la reducción del salario mínimo y el presupuesto a la universidad pública (así como el aumento del costo de la matrícula); el aumento de los precios de los servicios públicos, los bienes de consumo (de los cuales entre el 92 y el 97 por ciento son "importados" de los estados) y el impuesto a las ventas y uso (IVU).

Mi esposo y yo nos mudamos del sur de California a Utuado en el 2008; allá trabajábamos para Amgen, pero nuestro más profundo deseo era vivir en el campo donde pudiéramos ser agricultores orgánicos y tener una granja autosuficiente.

Nuestra historia sobre el huracán María no es muy impactante. Nuestra casa se mantuvo intacta, y no perdimos ningún animal. Tuvimos un gran daño estructural en la granja y perdimos el 80% de nuestros árboles. Estimamos que nos llevará de seis meses a un año continuar limpiando y recuperar lo que perdimos. En general, fuimos extremadamente afortunados.

No se puede decir lo mismo de muchos otros Utuadeños.

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La primera casa vista mientras conduces por la carretera 611 desde el pueblo. Crédito de la foto: Sarah Ratliff

En octubre de 1984, Luis Ríos y su esposa Zoila de la Rosa construyeron su casa en el Barrio Sabana Grande utilizando madera,  paneles y placas de yeso y un techo de zinc. Se mudaron dos semanas antes de que naciera su hijo. La casa sobrevivió a los huracanes Hugo, Andrew, Georges e Irma. Sin embargo, no fue rival para María.

Les costó $ 40,000 reconstruir su hogar, de los cuales $ 20,000 fueron un préstamo otorgado por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés). Zoila me dijo que FEMA les explicó que esto era porque están jubilados y reciben una pensión y seguro social. Esto de alguna manera los eximió de tener que hacer un reintegro de la ayuda y no se les exigió que la devolvieran. Sin embargo, es más complicado de lo que sugieren las circunstancias personales de esta pareja (y presumiblemente de miles de personas). Evidentemente, Puerto Rico tenía $ 8,575 billones esparcidos en varias cuentas, y FEMA le comunicó al gobernador Rosselló que tenían que agotar esos fondos antes de que se le prestara más a la isla por ayuda en caso de desastre.

Les tomó nueve meses, pero Luis y Zoila pudieron regresar a su hogar en julio.

Después del Huracán María, Algunos Caminos en Utuado No Llevan a Ningún Lado

Como todos sabemos, gran parte de la infraestructura de Puerto Rico ha sido descuidada por décadas. Antes de María, los caminos se estaban en mal estado, cayéndose en cantos. Los fuertes vientos y las lluvias de María se agregaron a la tierra ya erosionada, haciendo que muchos caminos y carreteras fueran intransitables y peligrosas.

"Los caminos en Utuado siempre han sido estrechos y con curvas, y algunos con baches profundos, pero ahora hay caminos que son realmente peligrosos. Hay grandes brechas y derrumbes que dejan las carreteras desmoronadas", dijo Joan Kirchheimer, copropietaria de TJ Ranch en Barrio Limón, cerca del Lago Dos Bocas.

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Este sumidero en Barrio Sábana Grande en la carretera 611 es una nueva "atracción" local, tras María. Crédito de la foto: Joan Kirchheimer.

En Barrio Caonillas (cerca del lago que proporciona agua a la mayor parte de Utuado), el camino debajo de una casa se derrumbó, casi llevándose la casa y los vehículos con él. El tráfico se desvió a través de la entrada de la casa frente al deslizamiento de tierra. El camino permanece intransitable.

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La carretera se derrumbó en la carretera 140 en Barrio Caonillas. Crédito de la foto: Sarah Ratliff

El huracán María cambió el panorama empresarial

Muchos negocios de la ciudad pudieron reabrir unas pocas semanas después de María, pero otros tardaron meses. La oficina de la doctora Diana de la Paz (mi médico de atención primaria) se había inundado durante el huracán Irma, por lo que tuvo que arrendar un nuevo espacio a unas pocas calles de distancia. Mientras se llevaban a cabo las obras, vio a sus pacientes en el área de descanso de una de las farmacias locales, Farmacia Maestre.

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El pueblo de Utuado un día después del huracán María.
Crédito de la foto: Doris Pabon del Barrio Sábana Grande

Ingeniería Eléctrica ayudó a las empresas de la ciudad, concentrándose en restablecer la energía allí primero antes de trasladarse a las áreas residenciales y finalmente al campo.

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Mapa de visitantes de TJ Ranch a lo largo de los años. Crédito de la foto: Joan Kirchheimer

Para Tony López y Joan Kirchheimer de TJ Ranch, que están en sus 60 años de edad, 16 años de recibir invitados de todo el mundo en su B&B (Bed & Breakfast) en 41 acres de tierra cársica estaba empezando a parecer cuesta-arriba. Para ambos sexagenarios, el mantenimiento de las tres casitas y el comedor al aire libre no es tan fácil como había sido antes. Sus hijos, TJ y Tina, son adultos y tienen sus propias carreras. Y mientras Tony y Joan hablaban de retirarse y ponerle fin a su carrera en hospitalidad, cerrar su B&B abruptamente por razones fuera de su control (un devastador huracán categoría 4) no era exactamente cómo imaginaban comenzar la próxima etapa de sus vidas.

Le pregunté a Joan si reabrirían TJ Ranch. Ella dijo que no se decidieron por completo, pero que están disfrutando su tiempo en casa, viviendo en un lugar que muchos otros sólo sueñan con visitar.

Independientemente de lo que hagan, pueden mirar hacia atrás en retrospectiva y sentirse orgullosos de lo que construyeron y proporcionaron a sus clientes (muchos de los cuales se convirtieron en buenos amigos): paz, tranquilidad y la oportunidad de comulgar con la naturaleza sin televisión o (hasta hace poco) WiFi.

También se inauguró, en 2001, Rancho Marina en el Barrio Caníaco cerca del Lago Dos Bocas. Los propietarios, Harry Marrero y Vivian Lopategui Canino, tuvieron una idea brillante: construir un restaurante en el lago al que se pudiera acceder tanto en ferry como en automóvil. Crearon secciones por tema y función, y ofrecieron a sus clientes un menú diverso para que tanto consumidores de carne, vegetarianos, diabéticos y aquellos con intolerancia y alergias pudieran comer en el mismo establecimiento.

Cobraban precios razonables para que los consumidores locales pudieran consumir allí, por lo que era un lugar frecuentado tanto por la gente privilegiada de Puerto Rico como por gente normal, como tú y yo.

Construido en un terreno de cinco acres, la propiedad era también donde vivían Harry y Vivian.

Una de las razones de ese éxito fue Sheila Marie Ocasio. Comenzó como camarera en el 2007 cuando tenía 21 años, pero después de tres años, Harry y Vivian la convirtieron en la administradora del negocio. Habiendo crecido en el Barrio Don Alonso (a sólo un par de kilómetros de Rancho Marina), efusiva y gregaria, Sheila tenía una sola política: tratar a todos los clientes exactamente de la misma manera, con la misma hospitalidad.

Sheila y su esposo, Mike Anthony González Jiménez (un sargento veterano del ejército de los EE.UU. que sirvió en la guerra de Afganistán e Irak) estaban disfrutando el éxito y popularidad del lugar cuando compraron su casa en ocho acres en el Barrio Don Alonso. Sheila tenía solo 27 años.

“Harry y yo tuvimos 16 años para construir Rancho Marina y le tomó a María 12 horas destruir todo lo que teníamos", dijo Vivian sobre el impacto del huracán en sus vidas. Le pregunté si planeaban reabrir, y ella aseguró que abrirán nuevamente sus puertas en el 2019. Están viviendo con amigos mientras planifican sus próximos pasos.

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El Balcón del Recuerdo en Barrio Don Alonso reabrió el 25 de agosto.
Crédito de la foto: Elisa Ocasio.

El Balcón del Recuerdo en el Barrio Don Alonso, que había sido construido completamente de madera, finalmente fue reabierto el sábado 25 de agosto. El Balcón –como se le conoce cariñosamente desde hace décadas– fue uno de los lugares favoritos de Paul y yo en el área.

Psicológicamente, era muy importante para el barrio que los propietarios Nelson Maldonado y Elisa Ocasio reabrieran El Balcón, pues necesitaban un lugar para encontrarse luego de estar “perdidos” –o ser incapaces de hacer la travesía por los caminos que María destruyó.

No Olvidemos Prender a Utuado

Como con tantas cosas que suceden fuera del Área Metro, la demora en la restauración de la energía eléctrica a hogares y negocios (y los problemas de logística de la AEE) se intensificaron en Utuado, así como en las ciudades cercanas de las montañas: Jayuya, Adjuntas y Ciales.

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Un deslizamiento de tierra y líneas eléctricas caídas en la carretera 611 en el Barrio Don Alonso.
Crédito de la foto: Doris Pabon

A medida que la gente de estsos pueblos seguía sin luz, se volvió común saludarse con "¿Todo bién? ¿Tienes luz?” A pesar de que por un lado desarrollamos más empatía y simpatía con nuestros vecinos, la situación también se estaba volviendo peligrosa para los ancianos, los pobres y los que sufren de problemas médicos, quienes necesitaban electricidad para refrigerar sus medicamentos o para mantener prendidas sus máquinas de soporte vital.

Nuestra electricidad fue restaurada en abril. Cada noche, mientras alimentábamos las cabras, mirábamos hacia Lago Dos Bocas para ver si podíamos ver luces que no habíamos visto la noche anterior. Aunque fuera sólo una casa o varias, los felicitamos. Se convirtió en nuestro ritual hasta que todas las casas estuvieran iluminadas.

Hay cuatro personas que realmente se beneficiaron de tener la red eléctrica sin funcionar. Cuando Mike y Sheila compraron su casa hace tres años, no tenía electricidad. El dueño anterior construyó la casa y había planeado agregar líneas, pero descubrió que era un costo prohibitivo a menos que otra casa cercana necesitara el servicio.

Fue honesto con Mike y Sheila, quienes hablaron con el vecino que estaba más abajo de ellos para ver si podían pasar la línea a través de su propiedad en el camino a la línea principal en nuestro barrio.

Inicialmente, el vecino dijo que sí, así que compraron la casa. Después de vivir allí por unas semanas, el vecino cambió de opinión. En su propia casa, Mike, Sheila y sus hijos no tenían luz y se sentían impotentes. Comenzaron a ahorrar para comprar paneles solares.

"Fue increíble. Nunca entendimos por qué cambió de opinión. Pero lo hizo, y tuvo poder sobre nosotros ", dijo Sheila.

Cuando se restableció el poder en nuestro barrio, la brigada los vio como cualquier otro cliente de Energia Electrica y pasó la línea a través de la propiedad del vecino, como si siempre hubiera pasado por allí. En junio, Mike y Sheila hicieron algo que no habían podido hacer en tres años: encender los interruptores de luz, enchufar la Xbox y la TV de su hijo de 10 años y tocar música para su hija de dos años.

Como si junio no fuera lo suficientemente especial para Mike y Sheila, en julio Sheila consiguió un trabajo como gerente general de Finca Viernes en Barrio Don Alonso, a solo cinco minutos de su casa. Utuado es el escenario ideal para viajes de experiencias y glamping. Desde Finca Viernes se ve perfectamente el Lago Dos Bocas, por lo que ofrece impresionantes vistas del valle y las montañas de Utuado, cuyos árboles ya están mostrando un gran crecimiento.

La Comunidad de Utuado: Diferente de Cualquier Otra

John Dockstader y su esposa Marsha Jackson viven en Maryland y pasan los inviernos en Barrio Don Alonso Arriba. Cuando parecía que la energía y el agua no se restaurarían en su hogar hasta la primavera como muy pronto, optaron por retrasar su regreso.

"Nos horrorizó la devastación", dijo Marsha. "Verizon decidió ofrecer WAPA-TV, así que vimos un video del centro de Utuado; era irreconocible, aunque lo conocíamos bien. Estábamos preocupados por nuestros amigos y sus hogares, y nos sentimos sin esperanza de poder ayudar. John y yo decidimos que si no podíamos estar físicamente allí para ayudar, podíamos enviar cosas por correo a nuestros amigos, investigar si era necesario, lo que sea que necesitaran nuestros amigos, estábamos listos para ayudar".

Y lo hicieron. Han sido amigos de Tony López y Joan Kirchheimer por décadas. Cuando TJ Ranch se convirtió en el único hogar en el área con acceso al Internet (algunos de nosotros en el campo tenemos servicio satelital con el mismo proveedor basado en los Estados Unidos, HughesNet), Marsha explicó a la situación a la compañía tras excederse el límite de data en el rancho y por lo que HughesNet donó más gigabytes a la cuenta de Joan. TJ Ranch se convirtió en el Internet Café de TJ, permitiendo a sus vecinos comunicarse con sus seres queridos en los EE.UU. y en toda la isla.

Marsha y John también enviaron por correo tres generadores con inversores, linternas solares, paquetes de baterías y varios otros suministros a amigos. También enviaron un perro de rescate en Utuado, una motosierra, una afiladora y cadenas.

Desde que mi esposo y yo vivimos en Utuado, un grupo de voluntarios que se hacen llamar Grupo Alpha han limpiado y mantenido la carretera 611 en los barrios Sábana Grande y Don Alonso.

Antes de María, los conductores podían esperar encontrar a miembros del Grupo Alpha trabajando muy duro. Después de María, no los vimos tan a menudo, pero aún los veíamos. Suponemos que estaban reconstruyendo sus casas y recogiendo los escombros después de la tormenta. No sólo nuestra carretera se benefició de su labor, sino que también fue agradable saludarlos y agradecerles por ofrecer su tiempo como voluntarios.

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Miembros de Grupo Alpha y la Gerente General de Finca Viernes, Sheila Ocasio.
Crédito de la foto: Sheila Ocasio

El sábado 25 de agosto, el Grupo Alpha se reunió de nuevo y llenó algunos de los baches más grandes en la carretera 611. Lo quisieran o no, sus esfuerzos como voluntarios llamaron más la atención de lo normal.

Pertenezco a varios grupos de Facebook y me gustan muchas páginas que celebran a Utuado de una manera u otra. Casi todos ellos tenían fotos del Grupo Alpha.

Durante el año pasado, he hablado con cientos de personas en varios pueblos de la isla y todos ellos hablaron sobre cómo la comunidad se unió más después del huracán. Nuestros vecinos no dudaron en ayudarnos con nada y viceversa. Una en particular, me gustaría mencionar, es Olga Zeda. Ella fue la primera cara que vimos después de María.

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Estaba un poco ocupado desde la casa hasta el camino de entrada en los días posteriores a María.
Crédito de la foto: Sarah Ratliff
Photo credit: Paul or Sarah Ratliff

Un deslizamiento de tierra nos impidió poder conducir y visitar a los vecinos y amigos para ver si estaban bien. Nos tomó 10 días, pero finalmente pudimos despejar suficientes árboles caídos para que la excavadora pudiera pasar y venir a rescatarnos. Sin embargo, el domingo siguiente, María, Olga y su hermano Mickey caminaron por un terreno bastante accidentado para ver cómo estábamos. Escuché su voz antes de verla. Estaba a unos 400 pies de nuestra casa, al final del camino de entrada y de la puerta, y otros 800 hasta donde estaba el deslizamiento de lodo, por lo que nos tomó un par de minutos atravesar las gruesas pilas de ramas para verlos.

En ningún otro momento anterior ni desde entonces he sentido tan intenso sentimiento de pertenencia.

Hay muchas razones por las que mi esposo y yo nos enamoramos de Utuado. Ambos crecimos en los Estados Unidos: Paul es de Washington, D.C., y yo crecí en la ciudad de Nueva York. Aunque ambos podemos recordar vecinos específicos que se destacaron por ser serviciales y vecinales, ninguno de nosotros sintió el sentido de pertenencia que sentimos en Utuado.

Desde el momento en que pusimos los pies en Utuado el 17 de septiembre de 2008, fuimos muy amables. Entre nosotros hablábamos cinco palabras de español, lo que no recomiendo al mudarse a un lugar de habla hispana. Usando el app del diccionario de inglés a español en nuestros teléfonos inteligentes y haciendo gestos con las manos, creemos que en esos momentos pudimos comunicarnos bien y decir lo que queríamos.

Con el tiempo, nos encontramos más personas relacionadas a o amigas de personas que habíamos conocido anteriormente. Nos ganamos la reputación de ser amistosos, y muy pronto fuimos invitados a las casas de las personas para comidas y fiestas. A menudo, no sólo somos los únicos "estadounidenses" que existen, sino también los únicos que no son miembros de la familia.

La mayoría de las personas que conocemos en Utuado nos llaman Pablito y Sarita, lo que seguramente es un testimonio de la forma en que la gente nos ve. De hecho, somos diferentes de la mayoría de los Utuadeños. Puede que nos hayamos integrado bien en Utuado, pero aún tenemos nuestros acentos de gringos (¡oh sí, hablamos más español ahora!), vestimos de manera diferente y, a pesar de nuestras edades (en nuestros 50s), no estamos jubilados ni trabajamos fuera de la granja.

No tengo dudas de que podríamos haber replicado esto en otra ciudad en La Isla del Encanto, que habla más sobre las personas que viven en la isla y menos sobre nosotros, pero Utuado es donde vivimos y planeamos vivir el resto de nuestras vidas.

Mirando hacia atrás en el último año desde que el huracán María devastó a Puerto Rico, reconocemos que no ha sido fácil para ninguno de nosotros. Todos resistimos más de lo que creíamos que éramos capaces de aguantar. Muchos perdieron familiares y amigos, y todavía hay un sinnúmero de personas sin hogares, ni posesiones. Todavía hay personas que abandonan la isla, con la esperanza de una vida mejor.

Nunca tuve mucha ansiedad manejando por carreteras con sumideros antes de María, y ahora sufro de ataques de pánico cada vez que veo uno. No estoy sola. Muchos puertorriqueños todavía hablan sobre cómo sobrevivieron al huracán María, y sólo aquellos que han vivido un desastre natural pueden entender.

Si alguna vez tengo que pasar por otro huracán como María, Utuado es donde quiero estar cuando esto suceda. Dorothy, del Mago de Oz, tenía razón: “No hay lugar como el hogar.”

Como Sheila Ocasio dice a menudo sobre los Utuadeños, #SomosGuerreros, #WeareWarrios. ¿Mi respuesta? #StillWeRise

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Me gustaría agradecer a todas las personas que me permitieron entrevistarlos y / o usar sus fotos. También me gustaría agradecer a Nathan Falde y Giancarlo Vázquez López con el periódico Claridad por su verificación de hechos.

Como siempre, gracias a mi editor, Deb Kingsbury. Y, por último, gracias Alva Cardona y Gretchen Arvalo Sanz por tus traducciones.